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PERIODISMO. Mafalda define el trabajo de los trabajadores de prensa

PERIODISMO. Mafalda define el trabajo de los trabajadores de prensa

06/06/2011 | Noticia de Argentina

Categorías: DESTACADAS | En el Camino


Los trabajadores de la prensa, las empresas mediáticas, los negocios y el poder. Cuándo y cómo nació el Día del Periodista.

Ante todo, para todos, libertad de expresión

La libertad de expresión es un derecho humano esencial para todas las personas en los estados democráticos y la condición básica para que un periodista comunique a los ciudadanos lo que hacen públicamente los actores del poder, sean estos funcionarios de los gobiernos, empresarios o personajes públicos. Vale recordarlo en este día y momentos. Y saludar a los colegas que dignifican este trabajo, oficio, profesión y amor.

 

Por Dario Alberto Illanes

Si Juan Manuel Urtubey, gobernador de Salta, en el norte de Argentina, dice que el diario propiedad de su antecesor Juan Carlos Romero -quien administró la provincia desde 1995 hasta 2007- es el “brazo mediático del poder” romerista, o “se solidariza” con el narcotráfico; y coincide en las apreciaciones de un diputado acerca de que dicho medio es un poder “mafioso”, además de considerar que desinforma o miente a la ciudadanía, constituyen estas expresiones de un ciudadano que a su vez es el mandatario actual de los salteños, elegido el pasado 10 de abril por el 60 por ciento de la población.

Y si lo dice públicamente, respaldando las acciones judiciales o legislativas en curso que investigan graves hechos de corrupción del anterior gobierno neoliberal, cabe suponer que sabe por que las expresa. Además de ser un salteño informado, es un político que logró vencer a un poder que parecía invencible y obtuvo el apoyo masivo de los salteños para un nuevo rumbo en la provincia. Según sus palabras, esta senda elegida se encuentra cercana al gobierno nacional encabezado por Cristina Fernández de Kirchner, a quien Urtubey proclamó su total apoyo para continuar al frente de la Argentina.

Es lógico que el medio aludido, cuyo cabeza propietaria visible es el senador Juan Carlos Romero, sienta algo más que irritación ante las expresiones de Urtubey. El poder que representa el diario fundado por don Roberto Romero es investigado por casos de corrupción, en los cuales Salta Forestal y la Ciénaga son apenas la punta del ovillo.

El periodista Jorge Villazón, en la editorial de “Punto Uno” alude, mencionando al matutino romerista, a la “soledad” política como estado patológico. El diario autoproclamado “independiente”, que supo hace muchos años atrás ser ícono periodístico salteño, está en caída libre, en ventas, publicidad y credibilidad. Fundamentalmente en este último valor, esencial para permanecer en tiempos en que las redes sociales de Internet, además de radios o sitios Web, informan lo que se pretende ocultar.
Pero, vale resaltar esto, los periodistas que trabajan allí, capaces, honestos, valientes, nada tienen que ver con los manejos de un poder decadente.

Mafia y narcotráfico

La semana pasada, en una rueda de prensa, el gobernador de Salta, Argentina, Juan Manuel Urtubey, sostuvo que el diario propiedad del ex mandatario salteño Juan Carlos Romero se solidarizaba con los narcotraficantes y respaldó al presidente de la Cámara de Diputados de la provincia –Manuel Santiago Godoy- quien acusó al mismo matutino de “mafioso”.

Un periodista, sorprendido por el duro concepto, le consultó si no era excesivo tachar con éste calificativo a un medio de prensa. Urtubey respondió que la empresa aludida era “el brazo mediático” del poder del romerismo, el cual dominó la provincia en las últimas décadas. “No es (El Tribuno) el abuelito de Heidi”, ironizó el gobernador.

La expresión del mandatario salteño no es nueva. Quien escribe la escuchó de su boca en el estudio de la radio del Nuevo Diario, 89.5, cuatro días antes de las elecciones del 10 de abril, cuando caracterizó al romerismo, vigente hasta el 2007: “Vivimos (hasta esa fecha) bajo el poder de un grupo económico y familiar”. En ese momento, antes de ser electo por el 60 por ciento de los salteños, dijo que el diario de Juan Carlos Romero era el brazo de ese poder, y definió esa etapa: “Salimos de una concentración de poder muy fuerte, en sus aspectos económicos, políticos y sociales, incluso en los dos únicos momentos en que no gobernó el mismo grupo económico y familiar, las mayorías legislativas condicionaron esos gobiernos. Hemos avanzado para independizar a los salteños de esa lógica semifeudal”.

Las palabras de Urtubey eran hacia el actual senador Juan Carlos Romero, expresión de un peronismo conservador y neoliberal, como al diario de su propiedad, el cual supo ser muchos años atrás un matutino creíble. Cualquier ciudadano puede pensar y expresar que dicho diario miente o representa intereses ajenos al pueblo. Y si dichas opiniones provienen del gobernador electo, además de legítimas, se suponen que tienen sustento.

Cualquier medio de comunicación, en la Argentina y en Salta, puede publicar lo que quiera. Esto lo sabe cualquiera. Y si las publicaciones molestan u ofenden a alguien, existen medios para responder. La Justicia determinará, de acuerdo a demandas, la existencia de delitos comunes o ataques a la Constitución Nacional, como por ejemplo, a la libertad de expresión o de prensa (que no es lo mismo).

Hasta donde se conoce públicamente, ningún periodista, de ningún medio salteño, ha sido atacado o censurado en su expresión. Paradójicamente, tanto colegas trabajadores de la prensa como la ciudadanía conocen que el cuestionado medio no sólo censura a sus trabajadores sino que los despide cuando piensan diferente.

Libertad de todos

Quien escribe trabajo desde 1997 hasta noviembre de 2010 como redactor en el diario El Tribuno. Un concurso universitario realizado en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta me permitió ingresar a este medio. Hasta poco antes del trabajo, estudiaba Antropología y había sido electo presidente de la Federación Universitaria de Salta, representando a un frente conformado por ex radicales, peronistas, socialistas e independientes. Esto significa que al llegar a la empresa fundada por don Roberto Romero se conocían pública y personalmente mis ideas progresistas.

Dentro del diario aprendí mucho, como también conocí los secretos de la edición de las informaciones: que sale y que no sale publicado. Por supuesto, como hasta el momento, y como sucede en la mayoría de los medios, ni a mí ni a los colegas se nos consultaba el rumbo de la línea editorial. Lógico. Desde el principio supe que estas son decisiones de los dueños de la empresa, las cuales ejecutan los jefes. Los periodistas, con mayor o menor libertad de tratamiento, nos limitamos a cumplir órdenes, o, en el mejor de los casos, a publicar a partir de alguna iniciativa personal, siempre de acuerdo a los límites editoriales.

Asimismo, conocí la historia de la lucha por la libertad de expresión y prensa, como la de los periodistas, y los derechos logrados, muchas veces con dolor, persecución o muerte. Por ejemplo, tuve el honor de tener como profesor, en la “escuelita” de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba, al periodista Juan Carlos Garat, excelente redactor y noble persona que logró, desde las cenizas, reconstruir el gremio de la prensa de Córdoba, el CISPREN.

En la actualidad, estudiantes y profesionales concurren a la biblioteca que lleva su nombre, en “La Docta”. El maestro nos enseño a distinguir entre la excelsa libertad de expresión, la democrática libertad de prensa y la libertad de las empresas periodísticas.

Garat fue un precursor de lo que hoy es la Ley de Servicios de Medios Audiovisuales. El profesor nos explicó que la libertad de comunicar ideas podía reflejarse mediante distintos formatos, por parte de diferentes sectores y grupos sociales, y constituirse en prensa. Esta podía expresarse en un boletín de un centro vecinal o un medio masivo. En este último caso, hablábamos de una empresa periodística, que primero era empresa, o sea, buscaba ganar dinero. Y por tanto, necesitaba de la libertad de mercado para ejercer su negocio. Hasta allí, todo bien, legítimo y democrático.

No es lo mismo

Seguramente la mayoría de los comunicadores, empresarios mediáticos y funcionarios de gobierno conoce la ley de los trabajadores de prensa: “El Estatuto del Periodista”. Pocos saben que este nació con una clara visión del rol político y social de la comunicación y sus actores. Aunque parezca que la discusión es de hace pocos días atrás, ocurrió en 1938, en la ciudad de Córdoba, Argentina.

En aquel momento, unos periodistas debatieron un marco legal acorde con las transformaciones que habían convertido la producción de la noticia en un negocio monumental e impune, para las empresas, amparado en protecciones y prebendas que se justificaban con el escudo de “la libertad de expresión”.
Aquellos trabajadores “de la pluma” se preguntaban ¿son las empresas las que garantizan este derecho universal y social? ¿O se amparan en él para defender sus privilegios comerciales?

Para responder este dilema, el Círculo de la Prensa de Córdoba organizó un Congreso Nacional de Periodistas que se llevó a cabo en la capital mediterránea el 25 de mayo de 1938.

La invitación tenía objetivos concretos: evitar “las formulaciones líricas” y obtener “resultados prácticos”. El trabajo de los delegados dio como resultado el borrador del Estatuto del Periodista –que lograron promulgar seis años después- y la consagración del 7 de junio como la fecha marcada en el calendario para recordar “la libertad de pensamiento”, tal como definió uno de los principales impulsores del encuentro, el periodista Octavio Palazzolo.

El debate fue el resultado del cambio de paradigma con el que aquel Congreso enfrentó la cuestión: el Estado garantiza la libertad de expresión cuando protege, en primer lugar, la labor de los periodistas, y no a las empresas.

En su obra “Prensa y peronismo”, James Cane escribe acerca de su investigación sobre el contexto, sanción y consecuencias del “Estatuto del Periodista”, cuya redacción se debió en gran parte al mencionado Palazzolo.

El análisis de los periodistas fue que el periodismo era una industria y una actividad comercial, pero “los dueños de los diarios insistían, en forma unánime, en que el carácter económico de un periódico seguía siendo accesorio a la función normativa de la prensa como vehículo de la opinión pública fiscalizadora de los actos del Estado”. Las empresas, y la mayoría de sus periodistas, afirmaban que “la relación diario-lector no era un intercambio mercantil sino una relación de afinidad espiritual”.

Los trabajadores de imprentas y canillitas fundaron sus sindicatos, pero los periodistas no aceptaban reconocerse como trabajadores. Según Palazzolo: “Por un lado estaban los que hinchados de una enorme vanidad seguían alimentando la leyenda del periodista ... quijotesco, heroico, que sólo vivía para difundir ideas; por otra parte estábamos los que habíamos superado ese magnífico pretexto, destinado a pagar sueldos de hambre, a enriquecer a las empresas o a solventar los lujos de algún director-propietario”.

Dos jueces federales dictaminaron a favor de los periodistas Manuel Sofovich y Oscar di Leo en las demandas por despido sin indemnización que habían entablado contra los dueños de Noticias Gráficas y La Prensa, respectivamente. El juez Eduardo Broquén fue particularmente claro en su rechazo de los argumentos de los abogados de La Prensa, quienes habían declarado que este diario no podía ser clasificado como “comerciante” precisamente porque el diario del que era propietario se ocupaba exclusivamente de la difusión de noticias. El magistrado sostuvo en su fallo que al contrario, se trataba de “un establecimiento eminentemente mercantil” y los periodistas, por lo tanto, debían legalmente considerarse como trabajadores cuyos derechos estaban protegidos.

El trabajo del periodista es pensar y expresar

Además de reconocer que los periodistas eran trabajadores de empresas comerciales, el “Estatuto del Periodista” introdujo el concepto legal de que “dada la complejidad de la división de trabajo en la prensa moderna, las relaciones entre periodistas y propietarios habían dejado de ser puramente privadas para convertirse en una cuestión pública. En las disputas cada vez más notorias entre periodistas y propietarios de grandes diarios, sólo el Estado tiene la capacidad de ejercer una mediación y defender a los primeros, que son, al fin de cuentas, los que producen el contenido público de los diarios”.

Libertad de expresión y Perón


La ley para los trabajadores de prensa fue consagrada durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón. “Las razones de la temprana inclusión de los periodistas en esta primera ola de reformas laborales no son difíciles de imaginar. Los periodistas ocupaban una posición clave en la producción y circulación de dos “mercancías” fundamentales para la elaboración de cualquier proyecto político: información e ideología. Así, donde el régimen militar torpemente intentaba pacificar a la prensa a través de una censura férrea y no lograba mucho más que unificar a lectores, periodistas y propietarios en contra de la medida, el reemplazo del decreto 18407 por el Estatuto del Periodista significaba un cambio fundamental en la relación entre las autoridades y los medios de comunicación. Perón, en efecto, buscaba usar las divisiones de clase dentro de las redacciones no sólo para fracturar internamente a cada diario opositor, sino también para ganar la simpatía activa de los productores directos de buena parte de la información y la ideología que vastos sectores del público argentino consumían en forma cotidiana. En lugar de silenciar a la prensa, el Estatuto formaba una parte importante del intento más ambicioso de tener mayor influencia sobre la articulación de la llamada opinión pública”, sostiene Cane en la obra mencionada.

De acuerdo a la obra de un periodista jefe del diario La Nación, Pablo Sirven, el Estatuto fue una maniobra de Perón para “cautivar a los trabajadores de la prensa”. Cane lo contradice: “considerar este decreto como una simple jugada por parte de Perón y las autoridades militares (como afirma Sirven) deja de lado el rol fundamental y consciente que los propios periodistas desempeñaron en la evolución de las relaciones entre el Estado y los medios impresos”.

Libertad de expresión para todos


Así podemos decir del trabajo durante años de quienes elaboraron los 21 puntos para una radiodifusión democrática que sentaron la base legal y social de la Ley de Servicios Audiovisuales. Fueron 300 organizaciones sociales que en 2004 redactaron un documento que desembocó en una ley para darles expresión a todos en las nuevas tecnologías de comunicación.

En la actualidad, en el país y en Salta, vuelve a debatirse el rol de la prensa, los periodistas, el Estado, las empresas y las organizaciones sociales.

Las empresas como El Tribuno, que además de negocios hicieron y hacen política desde el diario, como hace 73 años, hablan de ataques a la “libertad de expresión” cuando no toleran las ideas diferentes en sus propios trabajadores.

Mi publicación en el diario digital Salta21, condolido por la muerte de Néstor Kirchner, que desembocó en el final de mi trayectoria en El Tribuno, lo demuestra, como el de colegas como Melina Sola. Este medio no tolera la diferencia ideológica y política.

Coincido con la colega Alejandra Paredes, Secretaria General del Gremio de Periodistas de Salta, quien distinguió entre trabajadores de prensa y empresas mediáticas: “la primera frontera es saber distinguir que los trabajadores de prensa, en su mayoría, hacen su trabajo de manera valiente, porque viven expuestos a amenazas, violencia y apremios”.

De acuerdo a la periodista y dirigente defensora del Estatuto del Periodista y las paritarias incumplidas por la empresa romerista, hay " que mencionar que se habló de la vida familiar de la fiscal que comenzó a investigar el caso de la Ciénaga, también el caso de la colega Marcela Pérez, y también el tratamiento que le dieron en su momento a Sergio Poma”. Y finalizó, "Al trabajador de prensa (del diario romerista) no se lo vinculó con el narcotráfico”.

Nosotros decimos: todos sabemos quien es quien.

¡Felicitaciones a todos los colegas que aman y dignifican esta noble profesión!

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Comentarios de la Noticia
Usuario Angeles C1

Angeles

08/06/2011 14:51

Me deslumbró esta nota!, además, no sabía cuando había comenzado el Día del periodista, y de que modo; hasta ahora pensaba que había sido un homenaje a Mariano Moreno. Felicito a Norte Social, a Dario Illanes, a quien me gustarçia conocer para saludar, y a este diario digital que informa librementeª

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