JUZGANDO DESDE EL PUPO

JUZGANDO DESDE EL PUPO

Sean artistas, intelectuales, políticos o anónimos soñadores, el común denominador es que fueron talentosos. Pero carentes de habilidades para hacer dinero. Las empresas y el estado la tienen clara: prefieren personas con actitudes antes que con aptitudes.

 

Por Dario Illanes

 

IMAGEN: EL VIÑEDO ROJO, DE VINCENT VAN GOGH

 

En lo que hicieron, fueron talentosos. Empero, sus dones intelectuales, morales y/o creativos no los usaron – por desinterés, pudor, falta de habilidades financieras – para enriquecerse. Vivieron y murieron pobres.

En un parcial, incompleto listado apenas citamos a Manuel Belgrano, Franz Kafka, Martín Miguel de Güemes, Vincent Van Gogh,  René Favaloro, José de San Martín, Arturo Illia, Raúl Alfonsín, Alicia Moreau de Justo, Paul Gauguin, Hipólito Yrigoyen, Edgar Allan Poe, Alfredo Palacios, Oscar Wilde, Walter Adet, Lisandro de la Torre, Jesús Ramón Vera.

Se cuenta que el pintor Van Gogh no tenía para comer y estaba endeudado. Fue a la casa de un acreedor, llevando una carretilla cargada con sus pinturas para ofrecerlas como pago. El comerciante despreció y rechazó la oferta. Al irse el artista, su esposa le reclamó “podrías haberte quedado con la carretilla”

Poco después, desesperado, el artista se suicidó. A los pocos años, sus obras comenzaron a ser apreciadas y demandadas. Por mucho dinero. El 15 de mayo de 1990, su “Retrato del Doctor Gachet” fue vendido por 82,5 millones de dólares.

Incluso a Albert Einstein, familiares y amistades le dijeron que abandone sus investigaciones y se dedique a trabajar “como todos”. Su primera esposa le recriminó que era muy inteligente, pero incapaz de alimentar a sus hijos.

 

Actitud, no aptitud

“Buscamos actitud por sobre aptitud”, expresó un empresario buscando empleados. De tal modo explicitó de que se tratan los requerimientos del mercado.

En una sociedad competitiva e individualista, se privilegia la habilidad por sobre el talento. La primera  sirve para los negocios. La otra, es interesante pero consideran improductiva. Actitudes y habilidades se cuantifican. Talentos, generalmente unidos a sensibilidad y creatividad no generan dinero, dicen.

Empero, no sólo se tratara de una consideración laboral. Generalmente, quienes piensan de tal modo evalúan negativamente, discriminan y segregan a “raritos” y “raritas”. Juzgando: “si es pobre, es porque quiere serlo”

Incluso se presentan como modelos a imitar: “mírame a mí. Empecé desde abajo; todo lo hice con mi esfuerzo”.  Proclaman “el que quiere, puede” Felicitaciones por sus logros materiales. Pero son incapaces de crear una obra de arte, escribir algo que conmueva, alumbrar utopías, señalar caminos inspiradores, artísticos, espirituales, ideológicos, políticos.

El planeta, la humanidad, la naturaleza, la vida, gime, sufre. El planeta, la humanidad, la naturaleza, la vida, los talentosos desinteresados o inhábiles para el mercado se extinguen. Con miradas desde el pupo; etnocéntricas, mercantilistas, utilitarias. Ausentes de alma.

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