LA TORMENTA, EL VIEJO ALAMO Y LOS BUENOS VECINOS

LA TORMENTA, EL VIEJO ALAMO Y LOS BUENOS VECINOS

Alrededor de las 17.15 se desató una feroz tormenta sobre la ciudad de Salta. Un robusto árbol cayó sobre un canal, avenida y verja. A diez cuadras del centro. Los vecinos despejaron.

 

“¡Y bueh, no vamos a dejar el pobre árbol tirado en nuestra calle, nadie puede pasar, ya vuelvo”, exclamó Daniel Corrales. Fue hasta su casa, en la esquina de Virgilio Tedín y Florida, y regresó con un machete. El solidario vecino, de mediana edad, empezó a machetear. En tanto, otros vecinos iban retirando las ramas, troncos, alertaban a los vehículos, daban seguridad y protección.

Cuidando, amando los metros cuadrados que los rodean.

Doña Berta, de relucientes 92 años, tenía los ojos empañados. “Lo vi crecer al arbolito; me da mucha tristeza, hay que cuidarlos, ellos viven”, sostuvo con sencilla sabiduría.

El potente álamo tenía 52 años. Grueso tronco, alta copa, profuso y verde follaje. En la plaza Macacha Güemes, a pocos metros de la biblioteca popular del mismo nombre, al lado del canal empedrado de la avenida 16 de Septiembre, o Ernesto Guevara.

 

Callaron los coyuyos

El canto de los coyuyos (o chicharras, o cigarras), desde la mañana, fue lamento a la siesta bajo el opresivo calor. Queja, súplica y anuncio de lluvia. Luego se callaron. Hasta que se desató la tormenta y el viento.

Entonces, se escuchó un bramido y estruendo. Un álamo de 25 metros de altura cayó sobre el canal, la avenida, y la verja de una casa.

Pese a la furia natural, salieron los vecinos para ver si la caída había provocado daños en vehículos, viviendas o personas. Además, la arteria es muy transitada. “Gracias a Dios, nadie salió lastimado, por un metro, no tocó mi camión”, narró Rubén.

Más lluvia y viento obligaron al repliegue. 20 minutos después, amainada la tormenta, salieron los vecinos. a las veredas. Y comentaron, “llamé al 911, y no atienden”, “yo llamé a los Bomberos, y tampoco” Adela dijo que había llamado, infructuosamente, a Defensa Civil y Bomberos Voluntarios

Fue entonces que Daniel exclamó, sin queja, “¡Y bueh, no vamos a dejar el pobre árbol tirado en nuestra calle, nadie puede pasar, ya vuelvo”,

A vigoroso machete, fue cortando las gruesas ramas. Otros vecinos iban acarreando. Hicieron lo que otros que tienen el deber de cumplir, no atendieron. En poco más de media hora, los vecinos, sólo por amor al barrio y sin reclamar nada, enseñaron como se hace patria.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *