Disturbios en los corredores de esparcimientos nocturnos, peleas entre vecinos y en las familias, ataques a policías, abusos sexuales, hurtos y robos, suicidios, faltas de respeto y agresiones cotidianas, crispaciones a flor de piel.
Dos colectivos detenidos en las paradas, en la calle Florida de la ciudad de Salta, interrumpieron momentáneamente el avance de un camión con acoplado, detrás de los cuales hicieron fila cuatro automóviles. El último de estos, un VW Gol conducido por un joven, advirtió un estrecho espacio y decidió avanzar.
A escasos centímetros de los vehículos y la vereda, el conductor hizo algunos metros, pero debió frenar bruscamente pues se interpuso una motocicleta que bajó desde un garaje. El apurado automovilista protestó tocando largamente la bocina, gritando “¡¿qué hacés pelotudo!?”
El motociclista, un cuarentón, enojado levantó el brazo izquierdo y lanzó “¡andate a la mierda!”. En el asiento trasero iba una nena con uniforme de jardín de infantes. Quién conducía el auto aceleró, persiguiéndolo, y en pocos metros lo interceptó en la esquina de Florida y Zabala. Descendió blandiendo un bate de béisbol.
En aquella intersección caminaba lentamente una señora mayor, llevando en su diestra una bolsa cargada con verduras. El automovilista, iracundo, exclamó: “¡Bajate puto, te voy a matar!”
La niña en la moto comenzó a llorar y la mujer cayó desmayada.
El motociclista giró su vehículo y huyó por Zabala, en tanto que el otro subió a su auto y aceleró por Florida. Esta violenta situación de ira urbana sucedió un mediodía de mediados de octubre en el macrocentro salteño.

Cotidianas agresiones
La descripción anterior es una pálida imagen y ejemplo de la creciente violencia social. Disturbios en los corredores de esparcimientos nocturnos, ataques a policías, peleas entre vecinos y en las familias, abusos sexuales, hurtos y robos, faltas de respeto y agresiones cotidianas, crispaciones a flor de piel.
El ministro de Seguridad de Salta, Nicolás Avellaneda, aseguró que el 80% de los delitos y de las intervenciones de la Policía en la provincia están vinculados a conflictos sociales. Señaló la mayúscula incidencia del consumo excesivo de alcohol y drogas, preponderantemente los fines de semana. Las guardias hospitalarias no dan abasto.
En una sociedad pacífica, conductas iracundas, el llanto de una niña o el desmayo de una señora deberían ser escandalosamente excepcionales. En la actualidad, dichos traumas constituyen cosas de todos los días. Entre las más suaves.
Hasta hace no demasiado tiempo, la educación, el respeto, la cortesía, el buen trato, la bonhomía eran normas de convivencia, conceptos, ideas y valores primordiales. Practicadas por pobres y ricos, campesinos y citadinos, obreros y doctores. Por dirigentes y pueblo.

Desintegración
Vivimos, sufrimos, la violencia social. Una atroz combinación de nefastos factores estructurales, institucionales, económicos, culturales y psicosociales.
Desde el máximo poder político burlándose de los pobres, denigrando, atacando, insultando a los adversarios, desfavorecidos o distintos. Desde una justicia observada como parcial, desbalanceada, injusta. Desde insensibles poderes financieros.
Las mayorías, clase media para abajo, sufren el creciente empobrecimiento y desigualdad. Endeudamientos, no llegar a fin de mes, precariedades, limitaciones al progreso, frustraciones. Conduciendo a la supervivencia, alcohol y droga, el delito.
El futuro desaparece, estudiar no tiene sentido. Carencias, exclusiones, marginaciones. De vivir a sobrevivir, ignorados por las instituciones y la sociedad. Llenándose de broncas, soledad, desintegración personal, familiar, social.

Restaurar la buena vida
En Argentina, hasta hace algunos años, la mayoría de las familias de clase media y media baja desayunaba, almorzaba, merendaba y cenaba bien. Pagaba sus cuentas normalmente, educaba del mejor modo a sus hijos, cambiaba el televisor o el auto, renovaba su casa, salía de vacaciones e incluso ahorraba.
Se dice que la macroeconomía nacional está muy bien. Pero las mayorías están mal. Se dice que todo mejorará para 2030.
La gente, las familias, no aguantan tanto.
Tal vez, como dijo Víctor Heredia, en su canción “Informe de la situación”, valga citar:
“Ruego a usted tome partido
para intentar una solución.
Que bien podría ser la unión,
de los que aún estamos vivos,
para torcer nuestro destino”




















