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Cuando Europa y Estados Unidos comerciaban negros como cosas, en la naciente Argentina, en 1813, se abolió la esclavitud y el tráfico de esclavos africanos. La Argentina es hermosa mezcla étnica desde sus potreros.

 

En cualquier club de barrio de Salta o Tierra del Fuego vas a ver, mezclados, jugando, a pibes de piel oscura y rubios. Alguno será de apellido Chanqui, otro Anderson, aquel Assad, este Figueroa y por ahí Lombardo o Akari.

Pero en los potreros es excepcional encontrar a un negro, dicho en términos políticamente correctos, a un afrodescendiente. En absoluto por discriminación. Sólo porque son menos del 0.6 % de la población nacional.

Además de la pionera norma de 1813, el Preámbulo de la Constitución Nacional, en 1853, proclamó generosamente “con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino, invocando la protección de Dios…”

 

Patria Grande

Fue un negro, el sargento Cabral, quien salvó la vida, a costa de la suya, la del libertador (no conquistador) José de San Martín. Este, junto a Belgrano y Güemes, impulsaron que la Patria sea gobernada por un descendiente inca, por un indio. A partir de la hegemonía portuaria, retratada en el Martín Fierro, negros y gauchos fueron carne de cañón.

Luego fue la inmigración europea y asiática, cuando desde allá sus pueblos escapaban del hambre, las pestes y las guerras.  Entre 1890 y 1940 la población del viejo continente llegó a constituir el 40 por ciento de los habitantes en la Argentina. Españoles, italianos, alemanes, franceses, judíos, turcos, rusos, árabes, griegos, chinos y japoneses llegaron y progresaron en nuestra tierra. Todo bien, de nada.

Y se dio una mezcla excepcional y armónica en Argentina. India, gaucha, negra, europea, multiétnica. Conformando el ADN patrio.

Somos todos

Se puede entender que, durante el Mundial de 1978, existiera una campaña internacional contra la dictadura. Era contra el gobierno ilegal y asesino.

Hoy, la campaña anti argentina, parece dirigida al pueblo. A nuestra querida selección, a la celeste y blanca con sol guerrero.

Hasta supuestos progres o gente de izquierda propagando que somos los malos de la película. Los laburantes, las amas de casa, los pibes, jubilados, millones de argentinos que sufren el día a día

Sin decir nada del grotesco espectáculo de cantantes y actores manchando el fútbol, convenidos por Infantino o Trump.

 

El hermoso trapo

Indudablemente existe ignorancia de la composición étnica de la Argentina. Somos mezcla; somos únicos y distintos. Polémicos y amigables, no discriminamos porque nosotros somos otros, muchos.

Eso sí, aún continúa en la Patria la  discriminación e injusticia económica. Y la Patria invadida.

Tal vez por eso la mala onda de poderes. Por ese trapo hermoso, una sábana que se les escapó, y desde la tribuna bajó a la cancha. No es “berreteada”, está  en nuestra Constitución: “Las Malvinas son Argentinas”

Y juremos con gloria morir.

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