Estamos tristísimos, inmensos en gratitud. Nos encontramos, entre penurias, distintos, unidos. Dignamente ganó España. Y también ganó Argentina.
Fue el “Capitán América, los pacíficos guerreros albicelestes, un pueblo feliz, emocionado, llenando las calles y plazas.
Fueron victorias generacionales. Algunas épicas, porque para muchos el partido contra Inglaterra fue la final simbólica, “por Malvinas, por el Diego”. Con un inspirado y agónico Messi, el golazo de Enzo, el cabezazo de Lautaro, el hermoso trapo “Las Malvinas son argentinas” – que no es una berreteada, sino que lo dice la Constitución Nacional: “La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional. La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del derecho internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino”
Chicos y chicas que nacieron después de la guerra del `82, los goles de Maradona y la segunda estrella del `86 seguramente forman parte del 2.600 por ciento de búsquedas en internet respecto a nuestras amadas islas robadas.
El 15 de julio de 2026, con el 2-1 a Inglaterra fue sin lugar a dudas, el mejor partido de la Copa. Eterno.

Dando todo
Ahora sabemos que la fortaleza en el mediocampo, Leandro Paredes, jugó con costillas fisuradas, que le impedían respirar bien. Contra la excelente España, tres defensores debieron salir lesionados, cambiando los planes tácticos.
Los que quedaron, sean “Tragliaffico, la “Araña”, Lionel, exhaustos. Jugando el segundo tiempo del suplementario, más de dos horas en la cancha. Y con uno menos.
Hay un record que no se registra: el de nuestras lágrimas derramadas.
Como las de nuestros jugadores, como las de nuestro DT Lionel Scaloni. Llorando como macho noble. Agradecido al grupo, al pueblo, humilde.
Por eso esta mezcla de tristeza, alegría, reconocimiento, orgullo. Las imágenes muestran la paradoja de que en España casi no hubo festejos por parte de españoles. En Argentina, sea en Salta, en tierra yanqui, Bangladesh, Perú o la ciudad de Buenos Aires, multitudes.
Por eso lloramos, tristes y alegres. Saltando. Patria Celeste y Blanca.






















