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(Pabellón séptimo. Relato de Horacio)

 

La Plaza de Mayo devenida en un multitudinario “pogo”, de todas las edades. La noche del 5 de junio. Partió el Indio Solari.

 

“Siempre fui menos que mi reputación”, cantaba Carlos Alberto Solari en “La hija del fletero”.  El fundador de las bandas Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, en sus centenares de canciones, reunió una poesía delirante, cruda y sencilla; un rock disruptivo, encarnando coherencia, humildad, autenticidad.

Y mensajes para bailar, casi bíblicos, proféticos, como “Violencia es mentir” (Nuestro amo juega al esclavo); o “El lujo es vulgaridad”. (Un poco de amor francés). Tal vez por esto curas y/o pastores populares se reúnen, guitarras en manos, para cantar sus temas.

Espiritual

El Indio poetizaba, rocanroleaba descarnadamente espiritual, rozando la fe, como un místico enamorado. Por algo sus encuentros era las “misas ricoteras”

Para millones de personas estuvo presente en significativos momentos de sus vidas. Dentro de la mente y el corazón.

“He visto a nuestra juventud desangrar/ dieron su vida y tampoco alcanzó/ la muerte dura mucho tiempo sabés/ y yo debo cumplir mi misión”. (La vida es una misión secreta)

Como con Perón, Eva, Néstor Kirchner, Maradona, el Indio logró el homenaje póstumo.

Y pogeando más allá.

 

 

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