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Puede ser histórica, absurda y heroica épica poesía popular; identidad y unidad entre lágrimas y festejos; fuerza y ternura; el dolor o la victoria que caben en un gol.

 

Dario Illanes

“El fútbol es la droga del pueblo”, dicen algunos críticos, polémicamente adaptando la frase de Karl Marx: “la religión es el opio del pueblo”. Aludiendo a que el torneo mundial se trata de una distracción masiva que aliena a la sociedad, adormeciendo el pensamiento crítico y desviando la atención hacia la opresión de política, económica y social.

Desde esta rebuscada interpretación, el fútbol funciona como un escape emocional que genera una falsa ilusión de pertenencia y triunfo popular. Al canalizar la energía, la pasión y la frustración popular hacia un partido o un torneo, se reduce la probabilidad de que la sociedad se organice para exigir cambios estructurales.

Sin embargo, desde una perspectiva antropológica, hay mucho más que un simple juego. Hay creencias, símbolos, rituales, identidades colectivas y pertenencias, amores. Cosas que nos hacen humanos.

El fútbol puede ser entendido como 22 personas disputándose una pelota en una cancha. También un beso se define fisiológicamente como el contacto labial que libera neurotransmisores y hormonas. Pero somos capaces de morir por un beso, o un gol.

Juega Argentina. Y si, es amor.

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