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La mayoría de la Argentina se detiene. Comienza la sufrida magia. Lo mismo sucede en Bangladesh o Paraguay; como con norteamericanos buena leche, como en Madrid, Haití, Perú. Corazones y pueblos luchando contra poderosos. Como Rattín.

 

¿Cuántas veces escuchaste, te dijeron, hasta dijiste?, “es sólo un partido de fútbol”  O que es una distracción efímera, pues apenas termina el encuentro deportivo, seguís con los mismos problemas. Tan indudable como paradójico.

 

La albiceleste está en semifinales. Entre los cuatro mejores equipos del mundo, tres europeos, del Primer Mundo, del hemisferio norte: Inglaterra, España, Francia. La Argentina, con once guerreros, representando a casi 50 millones en la Patria, multitudes en el extranjero y corazones y pueblos postergados luchando contra poderosos.

ESPLÉNDIDO. GOL DE JULIÁN ALVAREZ A SUIZA

El sábado 11 de julio la Selección Argentina, desde el plantel técnico a jugadores titulares y suplentes, tenía un brazalete negro en sus brazos izquierdos. Era en homenaje y reconocimiento a Antonio Ubaldo Rattín, ídolo de Boca, excapitán celeste y blanco, quien desafió en Wembley a la corona británica. Falleció el 11 de julio de 2026, a los 89 años.

 

Alfombra roja

Los ingleses siempre intentaron conquistarnos. Desde las invasiones de 1806 y 1807; la toma pirata de las Malvinas en 1833; el Combate de la Vuelta de Obligado (1845); las sujeciones económicas, y la guerra del Atlántico Sur. Los chicos y héroes de Malvinas.

La historia con Rattín fue durante la Copa del Mundo de 1966, que se llevó a cabo en Inglaterra. El anfitrión y la Argentina llegaron a cuartos de final y jugaron en el estadio de Wembley. En un momento, el defensor y capitán se acercó al árbitro alemán Rudolf Kreitlein reclamándole que inclinaba la cancha a favor de los ingleses.

RATTÍN

“Out”, exclamó el referí y le indicó al argentino la expulsión. En esos años no existían las tarjetas (amarilla y roja), por lo que Rattín, haciéndose el ignorante, se quedó diez minutos en el campo de juego, reclamando un intérprete. Este no llegó y él fue retirado por agentes de seguridad.

El argentino se fue, pero divisó la alfombra roja, delante del palco a la reina Isabel. Allí se dirigió, sentándose en  pantalones cortos, sudado, irónico. Desafiando todo protocolo ante su majestad.

En 1986, Maradona reiteró la divina impertinencia. Con “La mano de Dios” y el gol del siglo. Expulsando a Inglaterra de la Copa, ganando el Mundial.

Ahora, como dice la canción, cantada por los guerreros en Kansas y argentinos: “¡Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo, Argentina quiero verte campeón!”

 

 

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