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¿El mal, los demonios, existen? A cuadras de la terminal de ómnibus de Salta y la Catedral, avistamientos terroríficos, suicidios y violencias dieron cuenta de presencias oscuras.

 

Dario Illanes

Hay quienes opinan que, si al menos no son el mal en sentido espiritual tenebroso, banqueros, fondos buitres y narcos lo representan. Empero, en la ciudad de Salta, vecinos e incluso policías dan cuenta de la presencia de demonios.

Cerámica del Norte S.A. fue fundada en 1936 y es una de las empresas industriales de capital salteño más antiguas y pioneras en la fabricación de materiales para la construcción en la región.

El extenso predio se encuentra en lo que fuera, a fines del siglo XX y comienzos del actual, la zona sudeste, lugar delimitado por la avenida Artigas y el canal de la Hipólito Yrigoyen. En un extremo se hallan zonas bajas, inundables, con canteras de tierra arcillosa y monte nativo.

En los años mencionados aquellas tierras eran usadas por niños, adolescentes y jóvenes para consumir la nefasta moda de por entonces: “hondear”. Esto era colocar pegamento del calzado dentro de una bolsita plástica, y aspirar los efluvios resultantes. El resultado era drogarse de modo barato y perjudicial para el cerebro, logrando falso bienestar e inconsciencia.

Para la misma época se dio un record de suicidios de chicos. Los pibes se ahorcaban en las gruesas ramas de un viejo algarrobo.

Asimismo, los malogrados asuntos coincidieron con la tirada abajo del viejo horno de cerámicos.

 

 

Apariciones dantescas

Rememoran los vecinos que el derrumbe del horno produjo una nube de insectos negros, grandes como tábanos, que oscurecieron la zona. Y a los suicidios y violencias cotidianas, cual presagio de terror, la aparición de seres dantescos.

Quien refirió, de puño y letra, tales eventos fue Jorge, sargento de policía de la subcomisaría de 20 de Junio. Junto a un agente estaban de noche patrullando el predio de la Cerámica. Fue en esas circunstancias que se les apareció un “hombre alto, la piel un pergamino de tatuajes con símbolos que hacían arder los ojos”. En espalda, una estrella de cinco puntas invertida marcada a fuego.

Y dijo: “vengo por unas almas”. Continuó Jorge: “Los días siguientes se tiñeron de una pesadilla colectiva. Nuestra comisaría se inundó de denuncias. Los vecinos, con los rostros demacrados por el insomnio, hablaban de ruidos en la noche. No eran ruidos cualesquiera. Era el sonido metálico y lento de cadenas pesadas siendo arrastradas por el asfalto, un arrastre que parecía venir de todas partes y de ninguna, como si algo se estuviera paseando, con hambre, entre las casas”.

Asimismo, un supuesto demonio llegó hasta la dependencia municipal. Una mujer policía vio, una cálida noche de verano, encaramado en una ventana, un extraño animal. Ante el grito aterrorizado la bestia retrocedió, tomando forma humanoide, emanando maldad y frio, con mirada color de fuego.

Posesiones

Tanto el sargento Jorge y policías como vecinos testimonian estas pesadillas reales. Al tiempo llegaron comportamientos diabólicos de jóvenes. Estaban poseídos.

Un padre, ante las maldades de su hijo cometidas contra familia, amigos y sí mismo, lo llevó al hospital mental Miguel Ragone. De allí, sin cura, ante un sacerdote exorcista,  en la iglesia de la Santa Cruz.

Pero si se marchaba de un joven, la presencia demoníaca se trasladaba a otro.

De acuerdo a los dichos de lugareños, los demonios de la Cerámica habitaban las barriadas por una oscura razón: el pacto con el diablo. Fortuna millonaria a cambio de almas jóvenes.

Para usted, ¿el mal, los demonios, existen?

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