El supuesto femicida, su exesposo Orlando Serapio, aún no ha sido apresado. Pese a que se encontraría en la zona.
La tarde carnavalera del martes 17 de febrero la docente Natalia Cruz fue golpeada y asfixiada hasta la muerte, en el barrio Luz y Fuerza de Campo Quijano (Salta). El padre de sus dos hijos, Orlando Serapio, sería quien le quitó la vida.
Aquel infausto día, la víctima llamó a su hermana menor Belén, para pedirle algún analgésico pues sufría una dolorosa jaqueca. Al llegar la joven a la casa, Natalia no respondió.
Belén regresó más tarde y se encontró con un alterado Orlando Serapio. Quien le dijo “no sé dónde está esa… Capaz que se fue por ahí”. Poco después se supo que el hombre había estado antes en una carpa bailable.
Junto a otra hermana, volvieron al domicilio de Natalia. Vieron alejarse al excuñado en su camioneta.
Al entrar a la casa por la parte trasera ambas se dieron con el horror: hallaron a Nati al costado de la cama, agonizando, con un cable alrededor del cuello. Murió en el Hospital Francisco Herrera.

Culpan al Estado
La familia de Natalia contó que el hombre estaba denunciado por violencia de género y restringido el acercamiento. Empero, Serapio llegaba con la excusa de visitar a los hijos en común.
“Denunciamos la negligencia policial. Mi hermana tenía una consigna fija y no se cumplió. El Estado la faltó a mi hermana”, aseguró Belén. ” Esta es la segunda vez que nos pasa. Nati estaba con miedo, pidió por la consigna policial (ordenada por la fiscalía) pero le dijeron que no había personal”.
Paradójicamente, en las carpas bailables si había policías.
La expareja de Natalia le habría confesado el crimen a Irene, madre de la asesinada. Los efectivos no dieron con él. Desde entonces está prófugo.

Conocedor de la zona
La camioneta de Serapio fue hallada al costado de la ruta nacional 51, dos kilómetros al oeste de Chorrillos, cerca de un puente ferroviario, ocultada entre matorrales. La encontró un poblador de la zona, quien desconfió pues no estaba estacionada a un costado de la ruta, a causa de algún percance, sino escondida. Avisó al puesto de la Gendarmería Nacional, en Ingeniero Maury.
El bello lugar está flanqueado por dos abruptos y áridos cordones montañosos, a los costados de la ruta y la vía férrea. Hacia el Oeste, continúa la aridez; en cambio del lado contrario, tras ascender las desoladas y empinadas laderas, cruzadas por quebradas, algunos manantiales y vertientes, peligrosas grietas y precipicios, se llega al filo que divide los ecosistemas secos del húmedo.
Debido a la intrincada, exigente y riesgosa geografía, sólo descendientes de los antiguos pobladores conocen los secretos. También, algunos pocos montañistas experimentados.
Osvaldo Serapio, contando con su camioneta, a lo sumo en 10 horas podía huir e ingresar a Bolivia o Chile. El vehículo, oculto a sólo apenas 24 kilómetros de Campo Quijano, indican que desechó ambas alternativas.
Entonces, el asesino de su exmujer fue al lugar para terminar con su vida, arrojándose a una oscura profundidad. O buscar un conocido y seguro refugio. Escondido e inaccesible. Del lado húmedo dispone de agua y alimento natural.
La Policía cuenta con escaso personal especializado en búsqueda de alta montaña. En pocos días, Orlando Serapio dejaría de ser buscado.

SEGUNDO FEMICIDIO
En diciembre de 2017, Irene Martínez sufrió el peor dolor para una madre: su hija Amira, de apenas 17 años, fue asesinada a golpes por su novio en el baño de las canchas del barrio San Jorge. La causa fue investigada como femicidio seguido de suicidio, ya que el asesino, Edgardo Córdova, se quitó la vida en el mismo lugar.
CHORRILLOS
Es un pequeño paraje y comunidad rural de altura con un caserío, antigua capilla y parador ferroviario (Ramal C-14, Tren a las Nubes). Se encuentra sobre la Ruta Nacional 51, a 24 kilómetros de Campo Quijano, en la Quebrada del Toro. Se le llama Chorrillos por la presencia de vertientes y manantiales.




















