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El exhausto cabo Roberto Baruzzo se quedó protegiendo al agonizante teniente Jorge Echevarría. Rodeado de siete ingleses, con su fusil Fal sin municiones, empuñó el puñal.

 

El cañón del arma enemiga golpeó su diestra y cayó el cuchillo. El oficial inglés le dijo” argentine, the war is over”. (“Argentino, la guerra terminó”) Y lo abrazó, en reconocimiento por su valor. Los restantes soldados británicos, admirados, lo palmearon.

“Podrían habernos liquidado a los dos, que estábamos solos y malheridos, pero no lo hicieron. Al contrario, nos subieron a un helicóptero y nos curaron”, contó Baruzzo. Fue durante la guerra en las Malvinas Argentinas.

El inglés sostuvo: “somos soldados, no asesinos. El honor militar nos obliga, al enemigo en inferioridad, defendiendo a un camarada, a respetar sus vidas”

La noble compasión del invasor reconoció el coraje argentino, con las pelotas firmes ejerciendo la obligación moral: nunca se deja atrás a un soldado caído.

 

Juntos

Estando en acción, en combate, cuando cae un compañero el código dicta rescatarlo. Jamás abandonarlo, dejarlo solo El imperativo es inexorable: “llegamos juntos, nos vamos juntos, vivos o muertos”.

La obligación existe desde hace más de 3 mil años. David, perseguido por el poder, instauró el principio: con los compañeros de luchas, penurias y triunfos, se compartía todo (1 Samuel 30)

Jesús elevó la vara. Los líderes le criticaban y acusaban de que andaba con lo peor de la sociedad. Los despreciados y ninguneados. Y proclamó: “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están sufriendo; no he venido por quienes se creen buenos, sino por los caídos” (Marcos 2:16)

Coraje y compasión

“Que se cague”, “no es mi problema”, “los errores se pagan”, aseguran bastantes personas. Como si fueran sensatas filosofías, incluso invocando la justicia divina o cósmica. Esperando aplausos.

Sucede desde familias y amistades a organizaciones o instituciones civiles, religiosas, profesionales, gremiales, políticas. Quien erró y/o cayó, es abandonado. Familiar, amigo, colega, compañero es dejado atrás. A veces, hasta rematado.

Coraje, compasión y unidad conforman la identidad de pueblos y naciones poderosas.

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