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Cinco homicidios en los primeros siete días de 2026, en Salta. Las guardias de los hospitales pobladas de acuchillados, malheridos en peleas, además de cotidianos motociclistas autores de siniestros.

 

Peleas hogareñas, entre vecinos, patotas, compañeros de tragos. Injusticias, broncas, frustraciones, borracheras, odios, venganzas. Llegando a la aniquilación mortal del otro.

Resultaría fácil culpar al Estado ante la inseguridad y la violencia cotidiana. Empero, más allá de deficiencias públicas, pareciera quimérico poner dos policías por cada cuadra en las ciudades y pueblos salteños.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) sugiere un estándar mínimo de tres efectivos cada mil habitantes. Estimando la población del área metropolitana de Salta en 750 mil habitantes, se necesitarían 22.500 policías. Y más de 45 mil para toda la provincia.

La fuerza provincial contaría, trabajando, alrededor de 9 mil efectivos en total.

Nueva York cuenta con una proporción de 5,3/1000. La CABA, 8,1. Las Policías de ambas ciudades disponen de altos presupuestos, buenos sueldos, aceitadas infraestructuras y logísticas, cámaras de seguridad en todos los rincones, impecables 911. Patrullajes de convivencia, preventivos y de inteligencia criminal.

La paz es fruto de la justicia

Oficialmente, según estadísticas criminales de la Nación, en 2024 Salta ocupó el segundo lugar en homicidios. Detrás de Santa Fe. El año pasado (sin datos oficiales) los delitos extremos habrían descendido el 20 por ciento. Pero aumentaron los delitos contra la propiedad, como las lesiones dolosas.

“La paz es fruto de la justicia”, enfatizaron el Papa Francisco y sus predecesores. El concepto es común para judíos y cristianos. También forma corpus doctrinario del pensamiento humanista en general, sea budista, agnóstico o ateo.

La coincidencia – plasmada en constituciones y derechos – fue que la paz y la seguridad significaban la construcción personal, social, cultural y de Estado. Desde justicia y administración política creíbles; justicia social; diálogo y respeto por la dignidad humana; ejercidas con perspectivas compasivas y solidarias.

De lo contrario, la ciudadanía carece de valorables ejemplos. Desde el poder, violando la convivencia.

“MI PROPIA MORALIDAD”

Ilustraremos con un poderoso mundial. En una extensa entrevista con The New York Times, el presidente de EEUU Donald Trump expuso sin rodeos su concepción del poder global. Consultado sobre los límites de su autoridad como comandante en jefe, respondió: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”. Acto seguido, descartó cualquier restricción externa: “No necesito el derecho internacional” (https://www.nytimes.com/es/2026/01/08/espanol/estados-unidos/trump-vision-poder-limites.html )

 

SABIDURÍA

“El fruto de la justicia será la paz, y el producto de la equidad, seguridad permanente”.

Isaías 32,17

 

RÁPIDOS Y RUIDOSOS

“La estupidez anda en moto”, comentó una joven vecina. Su sentencia fue luego de sufrir ambos el estruendo del escape libre de una motocicleta 110 cc, con forzados cambios de marcha. El conductor era un cuarentón.

Sólo el primer fin de semana de enero, en el Hospital San Bernardo fueron asistidas 36 personas a causa de siniestros viales. Las víctimas se trataron de 27 motociclistas, 5 ciclistas, 3 automovilistas, 1 peatón.

El 75 % de los siniestrados conducían motos.

 

 

 

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