A la mayoría nos gusta bailar. Y en los bailes, desde las carpas salteñas o boliches, muchos hemos encontrado el amor bonito. Como también decepciones, violencias o encuentros diabólicos.
Dario Illanes
Entra las más famosas zambas salteñas se encuentran “La Cerrillana” y “Carpas de Salta”, contando de estas alegrías entre bailes y amor. Sin embargo son historias, leyendas antiguas, las que cuentan de un seductor galán de la noche y la oscuridad espiritual. Es el Pata i` Cabra.
Dicen que se trata de un varón apuesto, hombre seguro y decidido. Llega al baile en automóviles de alta gama –antes, en un recio caballo o lujoso carruaje – y en el interior convoca las atracciones.
Además, no repara en gastos, nada de compartir un vaso de plástico con cerveza común. Y bailando, eximio, viril y seductor. Sus palabras son amables, divertidas, elegantes e inevitablemente convincentes.
Elige a las más hermosas del lugar. Sean jovencitas o maduras. Cualquiera de ellas, subyugada, cae rendida ante sus encantos. El misterioso hombre parece un sueño. Pero es Mandinga, el diablo, Satanás,
Condena
Nadie lo conoce. Adopta distintos nombres y figuras. Por supuesto, ninguna ve a un demonio, un ser monstruoso, con cuernos, espantoso. Si así fuese, todas verían a Lucifer y huirían. Ellas o ellos creerían que el diablo existe de verdad.
Por el contrario, astuto engañador y estafador de corazones desde el paraíso perdido, se oculta encarnado, miente y enamora. Para que las almas se pierdan y condenen para siempre.
Pues el Pata i`Cabra conquista la piel y corazón de la mujer. La pareja sale del baile para sumergirse en una noche apasionada e inolvidable. El promete fidelidad y amor. Ellas le creen y esperan. Pero el demonio ya obtuvo lo que buscaba. Algunas, dicen, mueren de pena.
Virgen
Cuentan las leyendas y dichos que sólo las almas puras lo descubren a Mandinga.
Por ejemplo, hace cuatro años, una preciosa adolescente de trece años convenció a su hermana de veinte para que la llevase a un boliche salteño, en el Portezuelo Sur. La nena, pese a su edad, tenía un precoz desarrollo. Maquillaje y tacos mediante, parecía mayor de edad.
El demonio se fijó en ella. Tan maligno como pedófilo. Ambas miradas se cruzaron. El avanzó hacia la chica.
Pero al acercarse, la jovencita, virgen aún, vio algo espantoso y lanzó un alarido que la estruendosa música no pudo disimular.
“¡Tiene patas de cabra!”, gritó ella. Ante el atroz descubrimiento, el diablo demostró públicamente su aspecto real, monstruoso. Algunos gritaron “¡Es el Para i`Cabra!”, y comenzó la estampida para salir despavoridos del boliche.






















