Hace siglos corrían aguas mansas o torrentosas por las actuales avenidas Belgrano y San Martín; al oeste, más allá de la actual Sarmiento, pantanos y lagunas; al este, hacia el cerro San Bernardo, otro tagarete o desagüe natural.
Dario Illanes
Debajo de parte significativa del casco histórico de la ciudad de Salta, en el microcentro, existe una riqueza arqueológica e histórica memorable, misteriosa, hermosa. Los datos existentes, como leyendas, le permitieron al historiador y profesor Miguel Ángel Caseres proponer la restauración y reconstrucción de “Los túneles del tiempo”
Los pasadizos subterráneos se habrían iniciado al poco tiempo de la fundación de Salta, el 16 de abril de 1582. Hernando de Lerma eligió para la nueva ciudad un predio dejado de lado por los pueblos originarios. Entre cursos de agua de caudales irregulares y pantanos.
Una referencia histórica, citada por Abel Cornejo, dice que a comienzos de 1700 el gobernador español Esteban Urizar ordenó la reconstrucción de los documentos afectados por los terremotos de septiembre de 1692. En ellos se halló el plano del túnel que circulaba desde la calle de La Estrella (actual 20 de febrero), el cual desviaba de norte a sur hacia la calle del Comercio (actual Caseros) y luego continuaba en línea recta de oeste a este.
En su travesía, el secreto pasadizo salía desde la iglesia de los Monjes Mercedarios, (actual Escuela Zorrilla) tomaba hacia la vieja iglesia de la Compañía de Jesús que se ubicaba en la esquina de Comercio y Caridad Vieja (actuales Caseros y Mitre), se extendía por los bajos del Cabildo, seguía hacia el templo de San Francisco y desembocaba en su tramo subterráneo más largo en el Hospital de San Andrés de los monjes bethlemitas, que es el actual Convento de San Bernardo.
El motivo de que se hiciera el túnel parecería haber sido que los primitivos habitantes de la ciudad tuviesen un lugar secreto en el cual se pudieran refugiar.

Secretos
Hasta fines de 1600, ante los ataques, había que ocultarse de los dueños de la tierra y usar los túneles. Los jesuitas, al ser expulsados, habrían trasladado sus tesoros a través de los subterráneos pasadizos.
Durante las guerras por la Independencia se habrían usado para resguardarse de las invasiones españolas. Incluso una leyenda narra que en 1821, tras la traicionera incursión contra el gobernador y general Martín Miguel de Güemes, éste decidió ir hacia el túnel de la actual escuela Zorrilla. Pero estaba con sus gauchos, y nuestro héroe decidió escapar a caballo. Le costó la vida.
El proyecto de Miguel Ángel Cáseres merece ser actualizado. “Túneles del tiempo” constituyen herencia, legado y obligación. Es el rescate de nuestra Salta, tan linda como profunda





















